Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez Juan Ramón Jiménez nació en Moguer (Huelva), en 1881. Abandonó sus estudios de derecho para dedicarse de forma exclusiva a la poesía. En 1900 se trasladó a Madrid, donde siguió de cerca el modernismo. Hombre de temperamento sensible y salud quebradiza, recibió un duro golpe con la noticia de la muerte de su padre y tuvo que ser internado en un sanatorio mental en Francia (1901-1903). Para superar su depresión, se retiró durante seis años a Moguer, donde escribió Platero y yo (publicado en 1914). Volvió a Madrid en 1912 y se hospedó en la Residencia de Estudiantes. En 1916 se casó con Zenobia de Camprubí Aymar, que fue su insustituible colaboradora. Recibió el premio Nobel en 1956 y murió en Puerto Rico dos años después.

Juan Ramón Jiménez domina el panorama de la creación poética de las primeras décadas del XX. La individualidad de su obra, sin embargo, hace imposible incluirlo en ninguna de las corrientes literarias del momento. Aunque sus inicios son modernistas, pronto se distanció de los excesos ornamentales de esta escuela. Tampoco el novecentismo explica la totalidad de la obra juanramoniana a pesar de compartir con él la concepción intelectual de la poesía.

La obra de Juan Ramón representa la identificación de la poesía con un camino hacia el absoluto. De ahí su magisterio sobre los vanguardistas y los poetas de la generación del 27, que reconocen en él al máximo exponente de la «poesía pura».

Evolución poética

En ningún poeta como en Juan Ramón se da la profunda interrelación entre vida y poesía. Enteramente entregado a su Obra, como le gustaba llamarla, consagra su existencia solitaria y retirada a la incesante búsqueda de la belleza. Su carácter exigente y perfeccionista explican la revisión constante a la que somete sus versos. El anhelo de pureza y exactitud, la obsesión por la palabra fundamental, dan continuidad a su obra.

En su evolución, la poesía de Juan Ramón Jiménez se ajustó a tres fases o etapas. Desde sus inicios hasta 1915, el poeta desarrolló una obra en la que predomina un tono marcadamente intimista; se trata de la llamada etapa modernista o sensitiva, durante la cual la influencia de Bécquer y Darío se pone de manifiesto en rasgos tan característicos como la musicalidad del verso, la sensorialidad de las imágenes y de la adjetivación y la incorporación de temas y motivos de las tradiciones populares. Almas violeta y Ninfeas (1900), Arias tristes (1903), Elejías (1908-1910), La soledad sonora (1908) y los Sonetos espirituales (1917) pertenecen a este primer momento de la creación poética de Juan Ramón Jiménez, en el que, de forma simultánea, se pone ya de manifiesto una voluntad de depuración del lenguaje que anuncia la etapa siguiente.

La segunda etapa de la poesía de Juan Ramón Jiménez cubre su producción de los años 1916 a 1936, caracterizada por su voluntad de poner a un lado lo anecdótico y por su preocupación por la exactitud verbal y la concentración conceptual, así como por el privilegio otorgado a una versificación escueta y a la rima libre. Se trata, en efecto, de una poesía difícil para minorías, a través de la cual el poeta se sume en la búsqueda de la belleza absoluta. Las obras representativas de esta etapa intermedia son: Diario de un poeta recién casado (1917), Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1923), Belleza (1923) y La estación total, poemario escrito entre 1923 y 1936.

La etapa final de esta obra coincide con la profundización en el absoluto y el predominio de cierto misticismo. Entre los títulos más representativos podemos señalar En el otro costado (1936-1942) y Dios deseado y deseante (1948-1949).


Libros de Juan Ramón Jiménez

Plateo y yo, de Juan Ramón Jiménez
Plateo y yo
1914
Plateo y yo, de Juan Ramón Jiménez
Plateo y yo
1914




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