Réquiem por un campesino español
Resumen del libro de Ramón J. Sender

Réquiem por un campesino español
Título: Réquiem por un campesino español
Autor: Ramón J. Sender
Género: Novela
Año: 1953
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Réquiem por un campesino español fue un texto que escribió Ramón J. Sender en 1953, en el exilio. Publicada originalmente como Mosén Millán, pasó al poco tiempo a tener el título con el que se consagró: Réquiem por un campesino español.

Réquiem por un campesino español es una de las obras cumbre sobre la Guerra Civil Española y, por ende, sobre cualquier confrontación bélica nacional. En ella el autor nos demuestra que la sencillez es la mejor arma para contar lo más complejo de los comportamientos humanos.

Personajes de Réquiem por un campesino español

Personajes principales:

  • Mosén Millán: párroco del pueblo y tutor de Paco. Vio nacer al muchacho desde que lo bautizó hasta que le tuvo que dar la extremaunción; era como un hijo para él. Lo salvó en diversas ocasiones, lo sacó de muchos problemas e intentó que fuera por el buen camino a pesar de su actitud rebelde.

  • Paco el del Molino: hijo de dos hacendados pudientes, muy sensible y con una gran brújula moral. Su actitud cambió a medida que crecía y veía lo injusto y cruel que era el mundo, sobre todo con los menos pudientes. Es perseguido por diferentes personas por su actitud justa.

  • Personajes secundarios:

  • El duque: ordena oprimir a todos los hacendados del pueblo para abandonar sus bienes.

  • Don Valeriano: un hombre muy rico que abandona el pueblo para huir junto al duque.

  • Don Gumersindo: otro hombre rico de cuna que huye con don Valeriano.

  • La Jerónima: nodriza de Paco.

  • Resumen de Réquiem por un campesino español

    Réquiem por un campesino español transcurre en un pueblo aragonés cerca de Lérida. Allí, Mosén Millán, cura de la iglesia del pueblo, espera a que la gente llegue para la misa un año después de la muerte de Paco el del Molino. Mosén va recordando la vida del difunto mientras reza, rememorando los momentos relacionados con su iglesia y enlazándolos con los no relacionados: comienza por su bautizo, luego su confirmación, su comunión, su matrimonio y la extremaunción.

    De este modo, la obra se cuenta a través de los recuerdos de Mosén Millán mientras espera a que la gente llegue a la misa de Paco el del Molino, ejecutado por jóvenes incontrolados a las afueras del pueblo al empezar la Guerra Civil. Mientras tanto, el monaguillo, a lo largo del relato, dejará en claro que nadie entra en la iglesia salvo don Gumersindo, don Valeriano y don Cástulo, los tres hombres ricos del pueblo, para ofrecer al cura pagarle la misa. Todos estos personajes estarán relacionados con los hechos que produjeron la muerte de Paco, y nadie más acude a la misa para que estos hombres se envenenen con el sentimiento de la culpa.

    El bautizo

    Una mañana fría tuvo lugar el bautizo de Paco el del Molino. Tras el bautizo hubo un animado banquete donde los invitados colmaron de cariño al niño y a su familia. Allí estaba la Jerónima, partera y saludadora, que le cambiaba el vendaje del ombligo al niño y halagaba los atributos masculinos del pequeño.

    Al oler la comida, Mosén se acercó a la cuna del niño y le colocó un pequeño escapulario bajo la almohada. Al empezar la comida, la abuela del bebé le atribuye a Mosén Millán el nombre de segundo padre del niño. Llegó un médico a ver al pequeño Paco y le dijo a la Jerónima que no volviera a tocar el ombligo del crío, lo que no le sentó nada bien a la mujer.

    El cura se acercó para darle la bendición al niño y miró debajo de la almohada, donde había un pequeño clavo y una llave formando una cruz, obra de la Jerónima. El cura se lo entregó al padre de Paco y rezó una oración por el niño.

    La confirmación y la primera comunión

    Paco iba al colegio desde los seis años. Se dio cuenta de que el mundo era un lugar cruel cuando, intentando convencer a su perro de que no atacara al gato, éste huyó por el ataque del animal y acabó muriendo a manos de los búhos.

    En el colegio, Paco jugaba con los niños y luego ayudaba a Mosén Millán con la misa en algunas ocasiones, como monaguillo. En una ocasión, unos niños consiguieron un revólver viejo que Paco siempre intentaba esconder, porque decía que así no lo tendrían en sus manos otros niños peores que él.

    A los siete años, el obispo de la diócesis confirmó a los chicos y les preguntó qué querían hacer con su vida. Paco dijo que quería ser labrador, como su padre. Luego, Mosén Millán empezó a prepararlos para la primera comunión. Paco seguía ayudando en misa cuando hacían falta dos monaguillos, aunque le daban miedo las imágenes, los nombres y los ritos de Semana Santa.

    Un día, acompañó al cura Mosén a dar la extremaunción a un enfermo que vivía en las cuevas, en el lugar más pobre del pueblo. Quedó impactado por lo que vio, porque en la cueva no había ni luz ni agua, y fueron recibidos por el silencio de la mujer que se hacía cargo del enfermo, así como por la miseria que se respiraba en el aire. Se quedó estupefacto con la prisa con la que Mosén dio la extremaunción al enfermo para salir de allí cuanto antes.

    De camino a su casa, Paco se preguntaba por qué nadie ayudaba a la familia del enfermo. El cura Mosén le explicó que esa familia tenía un hijo en la cárcel. Paco, sin embargo, no dejó de hablar de esa experiencia en mucho tiempo, por lo que su padre le prohibió acompañar al cura cuando éste tuviera que dar una extremaunción.

    En el carasol, donde se reunía la gente del pueblo, la Jerónima contó su versión de los hechos, criticando la falta de piedad del cura Mosén con la familia del hombre enfermo. Paco, a medida que crecía, decidió alejarse del cura, adoptando las formas de hacer y vivir de los chavales más mayores, lo que suponía tener las relaciones justas y necesarias con la iglesia.

    El matrimonio

    Paco comenzó a madurar un día en el que se bañó desnudo delante de las mujeres del lavadero. Poco a poco, adoptó las costumbres de los jóvenes, hablaba con su padre de la hacienda y se enteró de que los pastos del pueblo pertenecían a un duque que no vivía allí, pero que cobraba por ellos. Su administrador era don Valeriano, uno de los hombres ricos del pueblo.

    Paco consigue librarse del servicio militar sacando uno de los números más altos en el sorteo. Durante un par de años, Paco también cortejó a una muchacha poco a poco, primero con saludos y luego, con frases caballerosas. Con el paso del tiempo, bailaba con la muchacha y hacía las rondas de rigor entre los jóvenes enamorados.

    El muchacho era atrevido, ya que en una ocasión fue detenido por la Guardia Civil para evitar peleas entre rondadores, y Paco engañó a los agentes y les quitó los fusiles, y no fue hasta que Mosén Millán le pidió que los devolviera que no pudieron recuperarlos. Esto originó una discusión entre Paco y el cura sobre la utilidad de la Guardia Civil en el pueblo.

    Con el paso del tiempo, Paco le pide su mano en matrimonio a la muchacha, de nombre Águeda. Mosén Millán los casa, nostálgico al ver cómo el muchacho que él mismo había bautizado y al que le dio la primera comunión ahora se había convertido en un hombre.

    De camino al banquete de boda, Mosén habla con el zapatero del pueblo, quien comenta la inestabilidad del gobierno de Madrid, la posibilidad de un cambio de régimen que hiciera peligrar al rey y el cambio de la monarquía a una república. Lo mismo le comentó el señor Cástulo, otro de los ricos del pueblo, que prestó a los novios su coche para ir a la estación tras la boda.

    La política

    Tras el viaje de novios, se celebran las elecciones y ganan los republicanos, lo que afecta al arrendamiento de los pastos por el duque. Hablando con Mosén, Paco recuerda la visita a las cuevas y cómo, desde entonces, siempre quiso encontrar la solución a la miseria que había en el pueblo, echando mano del dinero de los pastos procedentes de un derecho de señorío que, por entonces, se había abolido en Madrid con el nuevo régimen.

    Como se repitieron las elecciones, Paco se presentó y fue elegido concejal. Fue a decirle a don Valeriano que el pueblo no pagaría los pastos, pero el hombre hizo oídos sordos y pidió que se le comunicara por escrito en el acuerdo del municipio. Por su parte, el duque puso guardar armados a vigilar sus montes. Paco propuso contratarlos en el sindicato de riesgos con una mejor paga, y aceptaron al instante.

    Don Valeriano intentó hablar con Paco, pero él no dio su brazo a torcer. De modo que don Valeriano decide abandonar el pueblo, no sin antes hablar con el cura Mosén sobre el comportamiento de Paco. También se marchó del pueblo don Gumersindo, otro de los hombres ricos del pueblo.

    La huida

    Un día, la Guardia Civil se marchó del pueblo para concentrarse en un lugar de los alrededores donde acudirían las fuerzas de todo el distrito. Esta marcha dio paso a que el pueblo fuera invadido por pijos de ciudad, unos jóvenes de buena pinta, pero muy violentos, que golpearon y mataron a seis campesinos, algunos de las cuevas. La gente, atemorizada, no se atrevió a preguntar ni cuestionarse nada.

    Paco huyó del pueblo, y mataron al zapatero a pesar de ser neutral. Los asesinatos se sucedían, con algunos concejales como víctimas. Nadie sabía dónde estaba Paco el del Molino, salvo el cura Mosén, que le sonsacó a su padre que estaba escondido en las Pardinas. El cura se lo acabó confesando a los jóvenes violentos, no sin antes hacerles jurar que Paco tendría un juicio justo. Los señoritos, que habían ametrallado a las mujeres del carasol, aceptaron.

    La extremaunción

    Los jóvenes violentos fueron a las Pardinas, donde Paco los recibió con tiros desde su carabina. Días después volvieron con Mosén Millán, quien convenció a Paco de que se entregara. Los jóvenes lo encerraron en la cárcel del municipio, y esa misma tarde reunieron a la gente del pueblo para hablarles del imperio, el destino inmortal y de la santa fe.

    Casi de noche, los jóvenes sacaron a Paco y otros dos hombres más de la cárcel y los llevaron a las tapias del cementerio. Como no se habían confesado, llamaron al cura Mosén. Paco pidió clemencia para los dos que iban a matar junto a él, porque no habían hecho nada. Mosén se percató de que le habían engañado, pues Paco no iba a tener ningún juicio justo. Entonces, fusilaron a los tres hombres. Paco seguía vivo, por lo que lo remataron. El cura Mosén dio la extremaunción a los fusilados, siendo el último Paco el del Molino.

    Opinión de Réquiem por un campesino español

    Réquiem por un campesino español es un libro corto, pero intenso. No es de extrañar, ya que Ramón J. Sender es uno de los narradores contemporáneos más importantes en lengua castellana. Y es que esta pequeña obra es corta en sus páginas, pero inmensa en su realismo a la hora de retratar la desgracia de la Guerra Civil, así como las injusticias que se dan en la diferencia de clases, más en los pueblos españoles de la época.

    Paco se convierte en un reflejo de lo ocurrido durante la II República: un hombre que intenta cambiarlo todo, pero que acaba siendo traicionado, asesinado y olvidado. Y es que hace falta mucho más que un hombre para empezar una revolución, y las buenas intenciones no dejan de caer en saco roto cuando chocan con el poder.

    Réquiem por un campesino español es una novela maravillosa, sincera y real, que enseña como pocas cómo era esa sociedad llena de miedo que precedió y vivió en la Guerra Civil Española.

    Referencias y Fuentes

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